CAMINO DE LA VERDAD

Decir una verdad cuesta, y también tiene un costo.

Es un juego de palabras, si.

Cuesta (a veces) a quien la dice: a veces le significa un reto poder hacerlo, debido a su personalidad, a sus creencias y mandatos, y a sus miedos.

Tiene un costo (a veces): la relación con la otra persona puede verse modificada y las cosas ya no quedar bien.

La mayoría de las veces queremos evitarle una incomodidad. El punto es que esa in-comodidad lo mueve del lugar cómodo y lo lleva a tomar una decisión y acción, lo pone al otro en un lugar de tener que modificar algo. Es decir: la incomodidad nos pone en movimiento de uno u otro modo.

¿Queremos evitarle una incomodidad al otro? ¿Será que queremos evitarnos a nosotros mismos la incomodidad de la consecuencia de haberla dicho (a esa verdad)?

Decir una verdad tiene sus beneficios, varios, muchos. Uno de ellos es construir confianza, ya que mas allá de provocar una incomodidad en ambos lados, el otro sabe que puede contar con nosotros en forma fidedigna, porque actuamos de frente.

Esto tiene mucho valor en las relaciones, tema al que me referiré en un proximo articulo

La pregunta que te dejo querido lector, es: ¿Lo dejás cómodo y que siga todo igual, o lo in-comodás y te in-comodás, diciendo la verdad?

Alejandro Juroczko

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